STEAMPA
No era la primera vez
que entraba en Objetos Imposibles, sin embargo esa tarde de gélida ventisca no
me atendió Lucyla. De inventario andaban, afanadas en vestir el escaparate la chica
de la limpieza y ella. Un joven larguirucho de cara triangular se me acercó
solícito.
--Buenas tardes
--tendió la mano--, soy Roberto; dígame en qué puedo servirla, Señora.
--Busco una menudencia
para mi sobrino que es coleccionista --dije, cerca del expositor,
examinando una aguja
de coser provista de ojo en ambos extremos.
--Allí dentro, en esa
pequeña sala habilitada para la ocasión, ¿la ve?, encontrará toda suerte de
curiosos detalles diminutos --y se fue a atender a la recién llegada anciana
del perrito.
Camino del lugar indicado una ráfaga de
electricidad estática me hizo respingar. Lo vi.
Un raro armazón de
lacería ocupaba el rincón de la izquierda; su potencial me invalidó. Aquel
artefacto, igual podía representar a una girándola que a una Venus esteatopigia;
incluso la peladura de una fruta podrida podía ser. Él, estaba fuera de su
cuerpo, mirándome muy arriba robaba mi energía a grandes dosis, mi cuerpo alcanzaba
el cero absoluto expuesto a un nuevo estado de la materia.
Roberto, ya libre de
la abuela del perro se quitó la chaqueta azul, vino hacia mí y entonces percibí
que llevaba medio bigote sin afeitar.
--Este cacharro, convendrá
conmigo en que no es un artefacto normal. No lo es, ¿a que no? --pregunté,
tratando de maldisimular mi nerviosismo.
--Steampa, por favor,
Señora, Steampa --verificó casi molesto--, salido del departamento
especial de Valores
sin Precio. ¿La va a comprar sí o no? --pronunció con mirada casi agresiva y
añadió--: Steampa funciona a vapor, es vaporosa. La compra usted, ¿no? --recalcó.
Era obvio, el atípico empleado quería
deshacerse cuanto antes de aquel cacharrito inquietante.
--Inmortaliza el Steampunk, ya sabe, la máquina de vapor, la revolución industrial... las
comunicaciones y todo eso; hasta el Sufragio Universal debió posibilitar tal movimiento, creo yo --dándome la espalda caminó unos pasos lentamente; hizo una pausa y desde la puerta giratoria ojeando la nevada del exterior observó volteando la cabeza, esta vez no sin cierta impaciencia--: Pero ¿la va a comprar o no?
comunicaciones y todo eso; hasta el Sufragio Universal debió posibilitar tal movimiento, creo yo --dándome la espalda caminó unos pasos lentamente; hizo una pausa y desde la puerta giratoria ojeando la nevada del exterior observó volteando la cabeza, esta vez no sin cierta impaciencia--: Pero ¿la va a comprar o no?
Compré
a Steampa y al salir atravesé el vestíbulo del centro comercial como un rayo.
A pesar de que un sexto
sentido me advertía mi total imprudencia, nunca alcancé a sospechar tan graves
consecuencias a mi irreflexiva adquisición. A Juanma, mi sobrino jamás se la
pasé, por no implicarle.
Entonando diabólica su sempiterno chasca,
chasca de latón oxidado, aquel engendro batió mis sesos hasta licuarlos. Luego,
durante algún tiempo conservó mi cerebro en formol y creó una subespecie de cosas que piensan, derivada
de la especie humana a la que pertenecí.
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